Civilizaciones del Pasado:

Sumeria

La Epopeya de Gilgamesh

Dentro de las historias de gigantes y naves voladoras que hacen parte de la cultura sumeria, ninguna se compara a la Epopeya de Gilgamesh, el hijo de los “dioses”, o a la leyenda del dios-anfibio Oannes.
“Y después vino el diluvio, y posterior al diluvio la realeza volvió a descender una vez más del cielo…” (Escrito cuneiforme sumerio).
Los sumerios vivían en la Mesopotamia, entre el Tigris y el Eúfrates. Representaban una forma de cultura superior que se impone a los bárbaros y nómades semitas. Ellos poseían avanzadísimos conocimientos astronómicos y eran capaces de realizar cáculos con 15 dígitos, o sea, con números arriba de 100 trillones. A título de comparación, basta decir que los griegos no sabían contar arriba de 10.000.
Los sumerios, que antecedieron a los babilonios, prácticamente fundaron la civilización actual al establecerse a lo largo del río Eúfrates, aproximadamente en 5000 a.C. Mas ya fueron encontrados esqueletos de 45 mil años en la región.
Cuentan los registros que los diez primeros reyes de Sumeria vivieron un total de 456.000 años, lo que da un promedio de 45.600 años para cada uno. Tablas de arcilla cuentan diversas historias fantásticas incluyendo gigantes, monstruos y naves voladoras. Dos de estas historias llaman la atención en especial: la leyenda del dios-anfibio Oannes y la Epopeya de Gilgamesh.

Representación de Oannes y, a la derecha, dibujo de la tribu Dogon sobre los Nommos, los “dioses-pez”.–Oannes. ¿Se podría interpretar un traje de buzo como un ser anfibio?
Oannes es un misterioso ser que, según Berossus –sacerdote de la ciudad de Baal (Babilonia)–, aparece en la ciudad de Eridu, habiendo surgido del mar durante un nacer del sol del cuarto milenio. Fue descripto por Berossus como “un animal con razón”.
“El animal tenía todo el cuerpo de un pez. Su voz, y también su lenguaje, era humana y articulada (…) Durante el día, este ser acostumbraba conversar con el hombre, mas no se alimentaba en aquella estación del año. Y les dio entendimiento en las letras, en las ciencias y en todas las formas de artes. Les enseñó a construir casas, fundar templos, compilar leyes, y les explicó los principios del conocimiento geométrico. Los hizo diferenciar las semillas de la tierra y les mostró como recoger frutos. En síntesis, los instruyó en todo lo capaz de suavizar sus maneras y humanizar la humanidad. Tan universales fueron sus instrucciones que, desde entonces, nada fue acrecentado para mejorarlas. Cuando el Sol se ponía, este ser acostumbraba a sumergirse de nuevo en el mar y pasar la noche en sus profundidades, pues él era anfibio. Después de eso, aparecieron allí otros animales como Oannes.”
La historia de Gilgamesh es la más antigua epopeya conocida. Ella es anterior al propio Viejo Testamento. Son conocidas varias versiones sobre ella, siendo la más completa la del 3° milenio antes de Cristo. Y existen versiones todavía más antiguas.
Según el historiador Norberto de Paula Lima, “la historia de Gilgamesh es la historia de un hombre real, mas que en la realidad mágica y lo material difieren muy poco. Y este hombre buscó un nombre inmortal, buscó compartir la naturaleza de los dioses y (…) de la humanidad no mutilada, que comulgaba directamente con Dios”.
Gilgamesh fue considerado, en Sumeria, “el hombre para el cual las cosas eran conocidas”. El es el típico mestizo entre “dioses” y terrestres. “Cuando los dioses crearon a Gilgamesh, le dieron un cuerpo perfecto (…) Dos tercios lo hicieron dios, y un tercio hombre”.
El recorrió muchas tierras hasta llegar a Uruc y tornarse su rey. Este gigante fue temido por su arrogancia y, aparentemente, por su inagotable apetito sexual, pues no evitaba “ni las niñas, las vírgenes recién casadas, las hijas del guerrero o la esposa del noble”.

La visita de una nave voladora
Cada ciudad sumeria era en aquella época protegida por un “dios”, y los habitantes de Uruc clamaron a él, su dios Anu, para que tomase una providencia como el Gilgamesh. Los dioses, entonces, deciden crear un rival para el gigantesco rey de Uruc. De la arcilla surge Enkidu, un gigante de la colinas, un ser salvaje y protector de la naturaleza. “Su cabeza era cubierta de cabello enredado. Desconocía la humanidad. Nada sabía de cultivar tierra. Era fuerte como un inmortal del cielo”.
Cierto día, un cazador se enfrentó con el gigantesco y salvaje Enkidu y, aterrorizado, va a pedir ayuda a Gilgamesh. Así como los dioses actuaron con el pueblo de Uruc, Gilgamesh actuó con el joven cazador. Sugirió que Enkidu, el gigante de las colinas, fuese seducido por una prostituta. Y así se hizo. Un día cuando Enkidu fue a saciar su sed en una fuente, junto con las manadas salvajes, allí estaba una linda mujer esperándolo. Y “ella no tuvo vergüenza de tomarlo. Poseerlo y acoger su avidez. En tanto se inclinaba sobre el murmurando amor, ella le ensenó el arte de la mujer. Por seis días y siete noches estuvieron juntos”.
Mas, cuando Enkidu quiso volver a la vida animal, fue rechazado. Y la prostituta lo convenció de volver con ella para la ciudad. Ya llegando, Enkidu desafió a Gilgamesh a una pelea. Los dos gigantes entonces tienen una batalla corta, pero devastadora. Gilgamesh gana, mas los dos se abrazan y se vuelven inmediatamente amigos. Enkidu, por su lado, jura lealtad absoluta a su rey.
Y prácticamente aquí comienza la epopeya propiamente dicha. Gilgamesh y Enkidu, los gigantes, se unen para enfrentar a Humbaba, el gigante feroz que dominaba “el país donde se derriba el cedro” (¿el Líbano?). Ellos vencen, y la propia Ishtar, la diosa sumeria del mar, pide a Gilgamesh como novio. Pero Gilgamesh la rechaza.
Furiosa, Ishtar se venga lanzando el “Toro del Cielo” contra Gilgamesh que venció al Toro y pasó a codiciar la vida eterna. En seguida, el gigante construyó un arca para sobrevivir a un diluvio que atemorizaba a los propios “dioses” (el Diluvio de la “Biblia” fue descripto después). Luego de pasar por eso, Gilgamesh muere.
No hay, aparentemente, un único objeto volador en esa epopeya. ¿Mas eso es necesario? Si alguien hizo cuestión de un OVNI en la antigua Sumeria debe ser una leyenda del rey Etana, encontrada en Nínive, en la biblioteca de Assurbanipal. Etana vivió después del diluvio, y su historia es así descripta por el historiador italiano Alberto Fenoglio:
“El rey Etana vivió hace cerca de 5 mil años, era llamado el rey Dios y fue llevado como huésped de honor en una nave voladora con la forma de un escudo que posó en una plaza detrás del palacio real, circundado por un remolino de llamas. Del navío volador salieron hombres rubios, altos, de piel oscura, vestidos de blanco, bellos como dioses, que invitaron al rey Etana, a quien sus consejeros procuraron disuadir de viajar en el objeto volador. En el medio de un remolino de llamas y humo, él subió tan alto que la Tierra con sus mares, islas y continentes le pareció un bollo en una cesta que, después, desapareció de su vista.
”El rey Etana, en la nave voladora, alcanzó la Luna, Marte y Venus, y, después de dos semanas de ausencia, cuando ya se estaba preparando una nueva sucesión al trono, acreditándose que los dioses lo hubieren llevado con ellos, el navío volador cruzó por sobre la ciudad y descendió cargado por un anillo de fuego. El fuego se extinguió. El rey Etana salió del navío con algunos de los hombres rubios, que quedaron como huéspedes durante algunos días.”

India

Las fabulosas naves de la India antigua

“…un aparato que se mueve por fuerza interna, como una ave, sobre la tierra, dentro del agua, o en el mar, es denominado vimana…”El Samarangana Soutradhara es una colección de antiguos manuscritos hindúes, escritos en una época perdida en el tiempo, hace millares de años. Nada menos que 230 páginas de esta colección son dedicadas a los sistemas de construcción de los “vimanas”, las naves que volaban millares de kilómetros a altísima velocidad.

Según el Samar (otra colección), los vimanas funcionaban con la “potencia latente del mercurio caliente”. Habrían dos tipos de vimanas: los “surymandalas”, que alcanzaban las regiones del sistema solar, y los “nahasatramandalas” que viajaban hacia el Sol.

La colección Drona Parva habla de un conflicto –aparentemente atómico– que habría sucedido alrededor del 12.000 a.C. Describe un “enorme proyectil llameante, quemando con fuego sin humareda, haciendo arder los bosques y matando millares de individuos”. Describe también el “arma de Agneya”: “Arremetiendo con dilacerantismo, ella arrastraba atrás de sí, en su corrida, un resplandor cegante”.

En el Mahabharata (La Gran India), un épico más voluminoso que la Biblia, escrito aproximadamente en el 3.000 a.C., hay imágenes muy claras de batallas fantásticas: “Bhima voló con su vimana en un rayo inmenso, que tenía el resplandor de un arma que podía matar a todos los guerreros que usasen metal en el cuerpo: La arma causaba el efecto de hacer caer los cabellos y las uñas de las manos y de los pies, y todo lo que era vivo se tornaba pálido y flaco”. Algo muy parecido sucedió a los habitantes de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945.

En el octavo libro del Mahabharata, se cuenta que el personaje Gurkha, a bordo de un poderoso vimana, arrojó un único proyectil sobre la “ciudad triple”. De ella se elevó una fumata blanca, incandescente, diez mil veces mas clara que el Sol. La fumarada se levantó con brillo inmenso y redujo la ciudad a cenizas:

“Era como si hubiesen sido soltados los elementos. El Sol giraba en círculo. Quemado por la incandescencia del arma, el mundo vacilaba de fiebre. Elefantes atormentados por el calor, corrían locos de aquí para allá, procurando protección contra el terrible ataque. El agua hervía, los animales morían. El enemigo era segado, y la furia del fuego hacía con los árboles, como en los incendios de los bosques, caerse en hileras. Los elefantes rugían pavorosamente y caían muertos al suelo, por toda una vasta área. Los caballos y los carros de combate se quemaban y todo parecía como después de un incendio. Millares de carros fueron destruidos. Después, un silencio profundo descendió sobre el mar. Los vientos comenzaron a soplar y la tierra aclaró. Se ofreció la vista de un cuadro horripilante. Los cadáveres de los tumbados habían sido mutilados por el horroroso calor, no pareciendo más gente. Nunca antes habíamos hablado de tal arma.”

En otro párrafo del Mahabharata (parte de Viaje de Arjuna para el Cielo de Indra), las visiones pavorosas del relato anterior son sustituidas por otras de belleza y gloria:

“Después de la partida de los protectores del mundo, Arjuna, terror de los enemigos, quería que el carro celeste de Indra llegase hasta él. De repente, junto con Matalis, el carro llegó en el brillo de la luz desterrando del aire las tinieblas e iluminando todas las nubes, llenando las tierras con estruendo, como el ruido del trueno. Fue un artefacto mágico del cielo, realmente imponente a los ojos. Él subió en el carro, resplandeciente como el señor del día. Entonces, se fue para arriba con el artefacto mágico, aquel carro celeste parecido al Sol, y fue inmensa la alegría experimentada por el hijo blanco de la estirpe Kuru.”

Tal como un plan de vueloEl guerrero Arjuna, entonces, “al aproximarse a las regiones invisibles para los mortales que recorrían la tierra, vio carros celestes, maravillosos, a millares. En aquel lugar no brilla el Sol, ni la Luna, no reluce el fuego, mas si en su propio brillo centellea, por la fuerza de hechos nobles, aquello que en la Tierra es visible en la fuerza de las estrellas, las cuales, por causa de la distancia inmensa, parecen como lámparas, no obstante son grandes cuerpos”.

La mayoría de esos relatos dispensa comentarios, pues el lenguaje usado, de modo general, es claramente descriptivo, casi técnico. En ciertos párrafos, no existe el menor trazo de misticismo. Este que pasamos a reproducir fue escrito por Maarshi Baradvaja, un profeta de la era primitiva de la India, y traducido por la Academia Internacional para Pesquisa del Sánscrito, en el Estado de Misore, India.

“…un aparato que se mueve por fuerza interna, como una ave, sobre la tierra, dentro del agua, o en el mar, es denominado ‘vimana’ (…) que es capaz de moverse en el cielo, de un lugar a otro… Es un vimana, así llamado por los sacerdotes de las ciencias. El secreto de la construcción de aparatos voladores que, no se quiebran, no pueden ser partidos, no juntan fuego y no pueden ser interpretados. El secreto de hacer aparatos en vuelo. El secreto de tornar invisibles aparatos en vuelo. El secreto de escuchar ruidos y conversaciones en aparatos enemigos en vuelo. El secreto de fijar imágenes del interior en aparatos enemigos en vuelo. El secreto de determinar la vuelta de aparatos enemigos en vuelo. El secreto de dejar seres sin sentido en aparatos enemigos en vuelo y de destruir los aparatos enemigos en vuelo.”

Según Erich von Däniken (que tradujo este texto para los términos modernos), en otra parte de este relato del profeta Baradvaja, “se da la descripción exacta de 31 piezas principales que componen el aparato. Con precisión idéntica, se da instrucciones para el traje y la alimentación de los pilotos. Además, el texto contiene la especificación de los 16 metales diferentes, necesarios para la construcción del vehículo volador. No en tanto, el mundo actual conoce apenas tres de los metales especificados, quedando sin traducción, hasta ahora, lo demás”.

Veamos ahora un párrafo del libro 24 del Rig Veda:

“Todos cuando parten de este mundo en viaje primero llegan a la Luna… La Luna es el portal de acceso al reino celeste, y quien sabe responder a sus preguntas está libre para proseguir viaje… (Rig Veda. 1° Adhyaya). Venerado sea Vayu, señor del espacio cósmico… Prepara una morada para mí, que soy el señor del sacrificio. Abre el portal del espacio celeste, del espacio cósmico, para que podamos contemplarlo a fin de obtener el dominio del espacio cósmico. Es para allá que queremos ir.”

Es claro que todo eso puede tener apenas un sentido espíritual de liberación de las almas después de la muerte. Mas no se puede ignorar que se parece mucho un plano de vuelo. Y este trecho puede ser leído como un pedido de permisión de trabajo para una escala en la Luna, antes de un viaje al espacio exterior.

Para finalizar, observemos este párrafo del Rig Veda, en que un venerable da la siguiente lección a su discípulo:

“El espacio cósmico es mayor que la incandescencia, pues ambos se encuentran dentro del ámbito cósmico, el Sol y la Luna, como el relámpago, los astros y el fuego. En virtud del espacio cósmico, las personas llaman, ven y responden. En el espacio cósmico experimentan alegría. Nacemos en el espacio cósmico, nacemos para el espacio cósmico. ¡Tu deberás venerar el espacio cósmico! Quien venera el espacio cósmico alcanza reinos espaciales, reinos repletos de espacio luminoso, infinito, para dar pasos largos, y por donde el espacio cósmico se extiende él podrá pasear a voluntad…”

Egipto

Misterios del Antiguo Egipto

Para el estudioso Richard Mooney, es mera casualidad la existencia de pirámides en la misma región en que vivió y floreció la civilización egipcia. Además, esos maravillosos monumentos de piedra habrían sido orientados por un conocimiento que no conseguimos aquilatar, sirviendo para fines igualmente desconocidos.

En el Antiguo Egipto, los escribas tenían la función de registrar el día del faraón y de la corte, las batallas ganadas y perdidas, así como los impuestos pagos por los pueblos que vivían bajo el dominio egipcio.

Lo que usted va a leer ahora fue encontrado en los “Anales” del faraón Thutmés 3º (Nuevo Imperio, 18a dinastía 1580-1320), y fue extraído de un papiro que está archivado en la sección egipcia del museo del Vaticano. En 1953, el príncipe Boris de Rachewitz consiguió traducir algunos de sus trechos, mas luego las autoridades del Vaticano recuperaron el papiro, llegando a insinuar que él no existía.

La parte que fue traducida dice lo siguiente:

“(…) En el 22º año, en el tercer mes de invierno, en la sexta hora del día (…) los escribas de la Casa de la Vida descubrían que era una bola de fuego que venía del cielo. (Si bien que) ella no poseía cabeza, el soplo de su boca tenía un olor hediondo. Su cuerpo, una vara de largo y una vara de ancho. No hablaba. Sus corazones estremecían y lanzaronse a la tierra de bruces (…). Ellos fueron a estar con el rey (….) para relatarles. Su Majestad ordenó (…) fue examinado (…) todo cuanto fue escrito en la Casa de la Vida, su Majestad meditó acerca de lo que llegará. Ahora bien, algunos días pasaron esas cosas, he aquí que ellas fueron más numerosas que nunca. Ellas brillaban en el cielo más que el Sol, hasta los límites de cuatro pilares del firmamento.

”(…) Poderosa era la posición de las bolas de fuego. La armada del rey las observaba y el rey se encontraba en medio de ellas. Era como la reparación de la noche. Sobre esta, las bolas de fuego se elevaron más alto en dirección al Sur. Peces y aves cayeron del cielo. Era una maravilla jamás vista desde la fundación de este país.”

¿Qué bolas de fuego eran esas? ¿Qué sería el “olor hediondo” y de qué boca habrá salido? ¿Y en medio de qué estaba Thutmés 3º, del ejército o de los círculos de fuego?

La gran verdad es que nosotros, los avanzadísimos hombres del tercer milenio, sabemos muy poco sobre los faraones y el Antiguo Egipto. La Gran Pirámide de Keops, principalmente, continúa hasta hoy siendo un enigma profundo y fundamental en la historia del hombre. Sabemos que ella concentra una cantidad enorme de energía y conocemos algunos de los números que pueden ser extraídos de sus dimensiones geométricas. El resto es misterio. Algunos dicen que ella sería un acumulador de energía cósmica, otros que sería un abrigo contra el Diluvio. El estudioso de profecías Plínio Rollim de Moura habla de la posibilidad de que ella puede haber sido la prisión de un ser muy poderoso (ver el artículo “Reinterpretando la Biblia”).

Los egiptólogos estiman que su construcción habría sido realizada en el 2900 a.C., mas el historiador árabe al-Masudi afirma que la Gran Pirámide habría sido construida hasta “300 años antes del Diluvio”.

Otro historiador de origen árabe afirma que ella fue construida en el 71000 a.C. La fuente normalmente consultada para la historia de la Gran Pirámide es un relato del historiador griego Heródoto, datado del siglo V a.C. Pero los especialistas consideran que este relato es muy cercano a la realidad.

“No hay razón para suponer que las pirámides fueron construidas para simplemente abrigar muertos, o tuviesen conexión con cualquier forma de religión (afirma el investigador Richard Mooney, autor del libro Colony: Earth). Es mera coincidencia el hecho que las pirámides y las ruinas de la antigua civilización egipcia ocuparan la misma área. Las pirámides no tienen una relación definida con la antigua civilización egipcia. Ellas no son, de hecho, típicamente egipcias. Ellas fueron construidas en un período particular de tiempo, con un propósito específico.”
En sus dimensiones, maravillosos descubrimientos

Según Heródoto, la construcción de la Gran Pirámide habría tenido a 100 mil hombres trabajando durante 20 años. Y Richard Mooney calculó que, si diez de aquellas piedras hubiesen sido transportadas, lijadas, pulidas y perfectamente encajadas en cada día, esa tarea habría llevado 654 años.

Ninguna momia fue hallada en su interior, ningún tesoro, ningún papiro, ninguna comida, como generalmente sucedía en los sepulcros egipcios. Tal vez todo haya sido saqueado. Tal vez la Gran Pirámide sea apenas un sepulcro real, tal vez no.

Lo que nos resta son las maravillas matemáticas, geométricas y astronómicas de aquella aglomeración de piedras. Por ejemplo: su altura multiplicada por 1 billón, es igual a la distancia entre la Tierra y el Sol. El área de su base, dividida por 2, y el perímetro de su base, dividido por el duplo de su altura, resultan el numero Pi (3,14159…). Las sombras por ella producidas marcan las fechas de los equinoccios de la primavera y del otoño, y los solsticios de invierno y verano. A través de una de sus galerías, la pirámide recogía la luz de la estrella polar de aquella época, la Alfa del Dragón, cuando la estrella Sirius iluminaba perpendicularmente su fase meridional, anunciando el comienzo de las inundaciones periódicas. El largo de la cámara real indica la duración exacta del año en días, y los lados de la base indican la duración de un año bisiesto.

¿Quién diseñó todo eso a los constructores de la Gran Pirámide? ¿Quién transportó aquella montaña de piedras hasta el lugar, y quién apiló las piedras con precisión milimétrica? ¿Serían esclavos o gigantes al servicio de padres extraterrestres?

La mitología egipcia era casi toda volcada para los cielos, comenzando por el Sol, el dios Ra. ¿Sería realmente al Sol que rendían tributos o a algún visitante a bordo de una nave semejante al astro-rey, en “un círculo de fuego”, igual al que apareció para los escribas de Thutmés 3º?

Casi todas las momias del faraón encontradas intactas tenían en su cabecera un ejemplar del “Libro de los Muertos”, uno de los libros más antiguos ya escritos por la humanidad. El registro de antiquísimas fórmulas de oraciones que permitían a los faraones, después de muertos, penetrar en la inmortalidad a través del barco volador de Amon-Ra, el dios Sol. Mas la duda aquí es la misma de tantos otros casos: ¿serán las mismas oraciones o memorias de un remoto pasado, cuando los “dioses” visitaban la Tierra regularmente?

“¡Déjame subir a bordo de tu embarcación, oh Ra!”, pide el canciller jefe Nu, en el “Libro de los Muertos”. Y él se refiere también a los “marineros divinos del cielo”. En otro párrafo del libro, se menciona a la diosa Isis, esposa de Osiris. Cuando el marido de Isis muere, surge una barca celeste (“un disco de oro”), eso cuando el Sol ya se había puesto. Osiris, el ocupante de la barca, es descripto como teniendo “el cuerpo claro y rutilante metal (…) el brillo de la turquesa lo rodea”. Y Nu, el canciller-jefe, así habla a Osiris: “Honra a tí, oh tú que vuelas en el cielo y brillas sobre el filo de la corona blanca (…). Yo, inclusive yo, soy el que conoce las rutas del firmamento… visité las remotas, las iluminadas comarcas celestiales… navegó por el firmamento que separa el cielo de la Tierra”.

No hay respuestas simples para los misterios egipcios. Mas algunas hipótesis pueden ser intentadas. La obsesión de los faraones con la vida después de la muerte y la capacidad de las pirámides en preservar de la deterioración todo aquello que se coloca en su interior, hace pensar en la hipótesis de que en ellas está contenido el secreto del “congelamiento”. O sea, la posibilidad de que el cuerpo de los faraones fuese preservado para una posible resurrección futura.
El guardián de la sabiduría olvidada

Resumiremos en pocos pero precisos puntos, uno de los mayores enigmas de Egipto, la Gran Esfinge de Giza. La “historia oficial” afirma que la misma fue construida en la época de Kefrén, en torno al año 2500 a.C.; pero, como veremos a continuación, tal afirmación no tiene base alguna:

• Primeramente, el rostro de la Gran Esfinge, atribuido a Kefrén (sólo por el hecho que se halla cerca de esta Pirámide), no tiene parecido con el que aparece en las estatuas de este Faraón. Según un analisis hecho por un antiguo oficial forense de la policía de Nueva York en 1991, tanto del frente, como del perfil de ambas figuras, los rostros pertenecen a distintos personajes.

• La Gran Esfinge, situada sobre el eje este-oeste de la meseta de Giza y mirando hacia el este, está orientada hacia la constelación de Leo de los cielos del año 10500 a.C. Curiosamente en esa misma fecha las 3 Pirámides de Giza estaban alineadas perfectamente con la constelación de Orión, la cual, por cierto, reproducen fielmente en su alineación.

• En 1924 el psíquico norteamericano Edgar Cayce comenzó a hacer una serie de predicciones que hablaban del continente perdido de la Atlántida. Según éste, antes del año 2000 se descubriría una cámara secreta bajo la garra derecha de la Esfinge de Giza. En ese recinto, denominado por Cayce como “Sala de los Archivos”, se encontraría depositado todo el saber de los atlantes.

En 1982, el arqueólogo Mark Lehner, con la financiación de la Fundación Cayce, comenzó las indagaciones sismográficas. “Pusieron la sonda debajo de la garra derecha y siempre se recibía una señal clara, lo que indica que no existía una cavidad subterránea que la bloqueara. La pasaron a todo lo largo de la pata, por la parte exterior y el ángulo, y la señal seguía siendo nítida. Después, a instancias mías, la pusieron en el suelo de roca y en tres sitios no se recogió señal alguna, como si hubiera un vacío debajo que la bloqueara”.

• La inesperada cavidad detectada por el sismógrafo estaba situada precisamente donde Cayce dijo que estaría. Estas prospecciones fueron corroboradas por J. A. West y Robert Schoch, que, con un instrumental de alta tecnología, volvieron a captar bajo la Esfinge la presencia de anomalías indicativas de cavidades entre las garras del lecho rocoso y a lo largo de los costados del monumento. El patrón rectangular hallado en las mismas era impropio de las cavidades naturales…

• Se investigaron a fondo las marcas de erosión pluvial (por LLUVIA) presentadas en la Esfinge –marcas que, inexplicablemente, no se encuentran en la cabeza del monumento. Según los más recientes estudios geológicos realizados con tecnología espacial, unas precipitaciones tan torrenciales como para haber dejado esas señales no se produjeron en el Valle del Nilo en el 2500 a.C., época en que los egiptólogos mantienen que fue construida la Esfinge, sino miles de años antes.


¿Nos ayudarían en algo los “Textos de la Construcción” que se encuentran en el templo de Edfu, que hablan sobre Siete Sabios provenientes de una isla destruida por la acción de las aguas, de quienes especifican que iniciaron los trabajos de construcción en el Gran Montículo Primitivo y fueron los únicos seres dotados de conocimientos que sobrevivieron a un cataclismo que asoló la Tierra?
El faraón contactado

Tachado de pacifista, monoteísta, homosexual, e incluso comunista, Amenofis IV, el hereje Akhenatón, protagonizó una de las etapas más controvertidas de la historia de Egipto, manifestando una fuerte personalidad que lo alejaba del sentir común del resto de los egipcios. Este hombre fue testigo de “algo” que le hizo cambiar su visión del mundo, tanto, que su reinado es una parte marginada de la historia egipcia ¿Qué vió?:

“Estando el Faraón de caza del león, y siendo en pleno día, sus ojos vieron un disco refulgente posado sobre una roca. Éste latía como el corazón del Faraón, y su brillo era dorado y rojo. El Faraón se postró de rodillas ante el disco, del cual salió una voz que le instó a construir una nueva capital para Egipto que llevaría por nombre: Akhetatón, ‘El horizonte del Disco Solar’.” (Ocurrido en 1378 a.C. en Amarna y grabado en las estelas de frontera que se erigieron en el contorno de la nueva Capital creada por Akhenatón).

¿Era Atón, el “Disco Solar”, un OVNI? Amenofis IV imaginó una nueva religión basada en la energía que desprendía el disco solar en contraposición a la divinidad tradicional del Sol como astro celeste.

El egiptólogo británico Cyril Aldred, una de las máximas autoridades en la figura de Amenofis IV, no está de acuerdo con aquellos que afirman que el cambio de capital de Tebas hasta Akhetatón fue una mera decisión política para derrotar al clero de Amón. Según él, la construcción de la nueva capital en un sitio tan alejado de las rutas convencionales se debió a la necesidad de erigir un nuevo centro religioso para el dios Atón, al igual que sucedía con otras divinidades.

Sin embargo, podemos leer en los textos religiosos de esta época referidos al dios Atón que una de las características más singulares de esta divinidad era, precisamente, su universalidad. Entonces ¿por qué eligió Amenofis IV un lugar tan alejado de otros centros urbanos o de rutas comerciales y no se decantó por otro emplazamiento ya existente como hicieron otros faraones, para aprovechar así una infraestructura agrícola y vial? ¿Por qué prefirió comenzar desde cero en un territorio totalmente baldío de poco más de 200 kilómetros cuadrados en una tierra de nadie?

Muy posiblemente el “Encuentro Cercano” descrito por las estelas de la frontera impresionó de tal manera a Amenofis IV que el cambio de religión se convirtió en una auténtica obsesión. Aparte de cambiar de emplazamiento la capital de Egipto, abandonando la mítica Tebas y asentándose en la nueva Akhetatón, “el horizonte de Atón”, él mismo se cambió su nombre de Amenofis, “Amón está satisfecho”, por el de Akhenatón, “Esplendor de Atón”, en el cuarto año de su reinado (1375 a.C.).

Grecia y Roma

Los Dioses de la civilizacion Greco-Romana

El dios Hermes poseía sandalias aladas que le permitían descender planeando.Sí comparamos la mitología greco-romana a la moderna ficción científica, ¿estaríamos incurriendo en exageraciones? Las armas mágicas, los carros alados o la capacidad de volar de aquellos dioses hablan por si mismos. Hasta Rómulo, este héroe que lanzó las bases de nuestra civilización, no murió, mas se elevó a los cielos en una nube…
La historia oficialmente acepta que la civilización grego-romana posee un enigma básico: ¿cómo es que un pueblo tan inteligente y culto como los griegos y los romanos inventaron leyendas tan infantiles? El gran poder alcanzado por Grecia y por Roma contrastan con la ingenuidad de sus tradiciones y mitos.
El historiador inglés W. Raymond Drake estudió profundamente los registros de la cultura greco-romana y concluyó que allí también los dioses vinieron del espacio en naves de diversos tipos. En la cultura griega, así como en su versión romana, existen las mismas figuras encontradas en otras civilizaciones: el colonizador, el gigante, el casamiento entre “dioses” y terrestres, el conocimiento prohibido entre los hombres, el Paraíso, la Edad de Oro, la energía usada sin control causando terribles tragedias, las luchas entre “seres del cielo”, etc.
“El mito no es imaginación, ni ficción etérea de un pasado hace mucho olvidado, mas sí una tradición oral, recuerdos oscuros de una remota antigüedad, con intensa impresión en la mente popular”, conforme observa Raymond Drake en Dioses y Astronautas en la Grecia y Roma Antiguas. En su libro, Raymond resalta una serie de “coincidencias” entre los mitos griegos y los de otros pueblos, incluyéndolos así en los registros de la Biblia. Veamos:
1) Urano (Cielo) desposó a Gea (Tierra) y fue padre de doce hijos gigantes, los Titas, y también de tres hijos rebeldes, los Cíclopes, que tenían un sólo ojo.
2) Uno de los hijos de Urano y Gea, Cronos (Tiempo), acabó castrando al propio padre. Urano maldijo a su hijo y garantizó que él también sería destronado por sus descendientes. En seguida, Cronos se casó con su hermana Réia, y gobernó el mundo en una Edad de Oro, celebrada por todos los poetas de la Antigüedad. Los hombres vivían como dioses en una bendita satisfacción, libres de trabajos y de dolores, en una dulce inocencia, pues la tristeza y el pecado todavía no habían aflijido sus almas. La humanidad no envejecía y no era sometida por dolencias, los hombres prosperaban en una perfecta salud física y espiritual encima de todos los males, alegres y en fiestas. Cuando, por fin, morían, era como si sus ojos hubiesen sido atrapados por el sueño.
3) Perturbado por la profecía de Urano, Cronos comía todos los hijos que su mujer Réia le daba. Zeus sobrevivió. Durante diez largos años, la guerra se mantuvo entre Cronos, ayudado por los Titas, y Zeus, armado con las armas mágicas de los Cíclopes que él liberara. El conflicto se esparció por toda la Tierra, el mar, el cielo, llevado a efecto con todas las fuerzas cósmicas de los dioses.
4) Zeus venció en la guerra. Él, desde su morada en el Monte Olimpo, odiaba a la humanidad y privó a los hombres del fuego. El héroe Prometeo robó el fuego del cielo. Zeus juró venganza, los Gigantes se rebelaron y apiló montaña sobre montaña para escalar el cielo. Después de una guerra titánica, que convulsionó la Tierra y el Cielo, Zeus venció. Para castigar al hombre, él creó la mujer, Pandora, de cuya famosa caja dejó salir todas las miserias para afligir a la humanidad.
5) Zeus encadenó a Prometeo a un pico, en el majestuoso Cáucaso, donde de día un águila despedazaba su hígado, que era renovado mágicamente a la noche. Más tarde él fue liberado por Hércules, y, perdonado, dedicó su genio a enseñar al hombre las artes de la civilización.
6) Cuando Zeus resolvió destruir la degenerada raza de los hombres, Prometeo aconsejó a su hijo Deucaliao que construyese una barca. En el gran diluvio sólo se salvó él y su mujer, Pirra.
7) Un horrible monstruo celeste, Tifeu, expulsó los dioses aterrorizados del Monte Olimpo para el Egipto, reforzando los más antiguos eslabones entre esos dos países. Por fin, Zeus lo mató con un rayo.
Viajando con una increíble rapidezEn este caso, así como en todos los otros presentados en este trabajo, Drake aconseja: “Si ridiculizamos los mitos griegos, esto se debe al hecho de que estos cuentos se contradijeron con la presente manera convencional de pensar. Los antiguos acreditaban en los dioses. Hoy nuestras mentes son condicionadas por la cultura contemporánea, y no podemos sintonizarla con el clima mental, con el espíritu de las eras pasadas. Si nos transportásemos hacia las murallas de Troya, habríamos de sentirnos tan extraños como Aquiles perdido en el trabajo de Londres”.

¿Y las naves voladoras? Drake levanta otra serie de pistas:

“Los dioses se movían por los cielos con más fuerza y rapidez que los mortales. Poseidón atravesaba una inmensa distancia con apenas tres pasos, como el dios Vishnu de la India. Hera viajaba con la rapidez del pensamiento. Hermes y Atenea descendían planeando sobre sandalias aladas. Atenea a veces era representada volando como un halcón. Poseidón dio a Penélope un carro de guerra alado, que cuando corría por el mar no se mojaba los ejes.

”Y más: Demeter hizo un carro de guerra de dragones alados para Tripolemo y le dio el trigo que él llevó por el cielo y esparció por toda la Tierra habitada. La vengativa Medeia mató los dos hijos que había tenido con Jasao y voló hacia Atenas en un carro empujado por dragones alados.

”En el ‘Fedro’, Platón describre a Zeus, el poderoso líder, asegurando las riendas de un carro alado, atravesando los cielos con sus dioses. Homero, en el Libro 5 de la Ilíada, da una maravillosa descripción de Minerva en su carro resplandeciente, arrastrado por los caminos etéreos, cortando el cielo líquido a gran velocidad sobre Grecia, para aterrizar cerca de Troya.”

Alrededor de 1970, el dibujante Georges Pichard y Jacques Lob crearon una versión libre en cuadritos de la famosa Odisea, de Homero. En la que, el propio Homero surge como una especie de reportero ciego, cargando un grabador donde registra las aventuras de Ulises. En esta Odisea modernizada, los dioses son cosmonautas a bordo de una nave madre estacionada en la cima cubierta del Monte Olimpo. Ellos observan, deciden, a través de monitores a bordo, los movimientos de los terrestres en la superficie, y deciden como intervenir en sus vidas. Y, a través de unidades de transportes propias, ellos descienden a la Tierra e interfieren directamente en los acontecimientos.

Nada más natural. La propia Ilíada de Hornero muestra la interferencia directa de los dioses en la batalla de Troya. En la Odisea, el héroe Ulises, intentando volver a la casa, encuentra entre otras figuras extrañas, el gigante Polifemo, de apenas un ojo (Lob y Pichard retrataron a Polifemo como un robot). En la isla de Ciclopes, Ulises recibió la ayuda “de los vientos” para navegar por el Egeo. En la isla del Sol, el héroe y sus ayudantes robaron algunos bueyes de la creación de Zeus, y éste los alcanzó con un rayo.

Es difícil aceptar esa idea, pero ¿acaso no podría ser la moderna ficción científica una continuación de esta tradición oral, mucho más próxima de la real Antigüedad?

Existe una corriente de historiadores que considera al propio Cronos, padre de Zeus derrotado por el hijo en guerra, el primer fundador de Roma. No todos concordaban con eso. De cualquier forma, Rómulo, uno de los tradicionales fundadores del futuro Imperio, parece ser otro hijo de los “dioses”.

Según Drake, “alrededor del año 775 a.C., un astronauta personificado como Marte puede haber descendido para fecundar a Rhea Silvia, la más noble de las doncellas de Alba Longa, generando al héroe Rómulo, destinado a crear el grande e histórico pueblo romano, que modeló nuestra civilización”. Las leyendas aún cuentan que Rómulo no murió, mas subió a los cielos en una nube.

Crónicas

Pero la presencia de OVNIs en la Roma Antigua está más presente en las crónicas históricas que en las leyendas. Algunos ejemplos:

“Además de esos eventos en el cielo inferior, entró a los registros que en el consulado de Manio Acílio y Cayo Pórcio (114 a.C.), llovió leche y sangre, y que frecuentemente, en otras ocasiones, habría llovido carne, por ejemplo, en el consulado de Públio Volúnio y Séervio Suplício (461 a.C.), y que ninguna carne no tocada por los pájaros predadores se pudrió. Igualmente que, un año antes de Marco Crasso (53 a.C.) fue muerto por los Partos en la batalla de Carre, (…) llovió hierro en el distrito de Lucania…” (Plínio, en Historia Natural, Libro 2).

“Y ahora con siete naves corintias, dos de Corcyra y una décima que los leucadianos proporcionaron, él (Timoleao) partió. Y, a la noche, después que él entró en alta-mar y disfrutaba de un viento favorable, el cielo pareció abrirse de repente con una explosión por sobre el navío y lanzar un fuego abundante y notable. De allí se elevó una antorcha, como las que los místicos cargaban, que salió corriendo con ellos, acompañándolos en su curso, y cayó precisamente para la parte de Italia para la cual se dirigían los pilotos.” (Plutarco, 344 a.C.)

“Allí, en la calma de la noche, se dice que ambos cónsules fueron visitados por la misma aparición, un hombre de estatura mayor y más majestuosa que la humana, que declaró que el comandante de un lado y el ejército del otro debían sacrificar las Almas a la Madre Tierra.” (Livio, 340 a.C.)

“Navíos fantasmas fueron vistos brillando en el cielo… En el distrito de Amiterno surgieron, en muchos lugares, visiones de hombres en trajes brillantes, a distancia, sin que se aproximasen a nadie.” (Livio, 218 a.C.)

“El disco del sol parecía haberse contraído. Piedras brillantes habían caído del cielo, en Preneste. En Arpi habían escudos del cielo y el cielo parecía que estaba luchando con la luna, y en Caperne dos lunas se habían levantado de día…” (Livio, 217 a.C.)

“En Hádria fue visto, en el cielo, un altar, y en torno de él bultos de hombres vestidos de blanco…” (Livio 214 a.C.)

“De Ameria y de Tuda, ciudades de Italia, fue informado que a la noche allí fueron vistos en los cielos lanzas y escudos flamantes que primero se movieron en direcciones diferentes, y después se entrelazaron asumiendo las formaciones y los movimientos de los hombres en batalla, y que por fin algunos de ellos huyeron, en tanto los otros se lanzaban en su persecusión, habiendo todos desaparecido por el oeste.” (Plutarco, en ‘Cayo Mario’, refiriéndose al año 103 a.C.)

Relatos semejantes no faltan. Cuerpos celestes y luminosos surgían del cielo para interrumpir batallas o ayudar a uno de los lados. Y, conforme a que el tiempo pasa, los “dioses” parecen influir cada vez menos directamente sobre los destinos del Imperio Romano para manifestarse cada vez más a través de vehículos fantásticos que cruzan el cielo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: